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Todas las imágenes y contenidos pertenecen a Julia Alvarez. Copyright 2004-2016. Todos los derechos reservados. Por favor consultar antes de copiar, bajar o hacer vínculos a mis imágenes o textos.

jueves, 19 de diciembre de 2013

NADA REAL

Que entre las manos tengas nada
porque nada te hace falta
Que en tus ojos haya calma
porque el miedo ya se fue

Que los vientos no te lleven
porque vos ya sos el viento
Que las palabras no te duelan
porque dicen lo que es

La tempestad es amiga del alma
las lluvias frías no tienen maldad
Cada sol, cada estrella y cada luna
sólo sabrán ofrecerte verdad

Que la noche no te encuentre
porque vos vas a buscarla
Que te duermas despacito
porque ella está con vos

Que tu cuerpo sea uno solo
y no cada pedacito
Que te sientas incompleta
porque nada real lo es

La tempestad es amiga del alma
las lluvias frías no tienen maldad
Cada sol, cada estrella y cada luna
sólo sabrán ofrecerte verdad

Que olvides todo esto que digo
porque todo ya se fue 


domingo, 11 de agosto de 2013

No y sí

No soy de aire evanescente
No soy de azúcar para el paladar
No soy de agua transparente
No soy de tiempo para olvidar

No soy materia para estrellarse
No soy un poste de iluminar(te)
No soy recuerdo al que se recurre
No soy de goma ni de cristal

No soy piedra para escultores
No fui creada para admirar
No soy lienzo de los pintores
Yo fui creada para pintar

Pintar mi mundo, pintar mi aire
Pintar mi agua y mi propio andar
Mi tiempo es corto, mi vida es larga
Y este camino me enseñará

No soy siempre consistente
No soy lugar al que llegar
Toda pregunta se autorresponde
Toda respuesta se borrará


-Canción original de Julie Alvarez. Video clip acá:

jueves, 11 de julio de 2013

Un raro color marrón

Leo palabras
las copio
las pego
las reparto sobre mi piel

Horas infames
saladas
agudas
que no dejan nada por ver

Ansia de hallarme
perderme
buscarme
y volver a perderme otra vez

Toco el espacio
gigante
cerrado
que (existe) entre vos y mis pies

Mira 
las vueltas 
que tengo
los saltos 
que pego
las luces que soy
Toca 
la sangre
que tengo
el calor
que devuelvo
lo simple que soy

Miro recuerdos
azules
naranjas
de un raro color marrón

Callo mi mente
con sueño
con calma
y aquella hermosa canción

Pero me trae
de nuevo
a tu abrazo
lo oscuro de mi corazón

Mira 
las vueltas 
que tengo
los saltos 
que pego
las luces que soy
Toca 
la sangre
que tengo
el calor
que devuelvo
lo simple que soy

Audio track, maqueta:

martes, 18 de junio de 2013

En la sangre

 
 
  Tantas cosas han pasado. Tanto ha cambiado que finalmente nada ha cambiado. La tierra es la misma caldera donde se sufre; donde sufre el agua hirviente, donde sufren los fogoneros con sus brazos y pechos ardiendo, donde sufren las madres y los hijos.
   Los amigos permanecen en el camino. Algunos han cambiado un poco sus vidas en un año de ruta; nuevos trabajos, nuevas parejas, la misma incertidumbre. Otros no se han modificado por fuera; se quedaron en sus ostras puliendo la perla por dentro sin que nadie lo sepa. O tal vez dormidos. Pero ahí están los amigos.
   La tierra sufre  pero la tierra crea. Curiosamente, luego de tantos milenios aún es un lugar para la creación.

   Después de un año el hombrecito ha vuelto por poco tiempo a una de sus patrias. Ha venido a trabajar y a darle molde a algo parecido a su vida, que va tomando forma. Ha vuelto a su ciudad luego de unos meses en el sur del país; en el desierto donde todo es desierto, donde el viento se lleva algunas palabras y a veces trae la lluvia.
   Fue un rodaje agotador. Más de veinte personas con las que el hombrecito comió, durmió, trabajó, discutió y festejó. Caras nuevas, un rol casi nuevo en un documental con un tema que de alguna manera le era propio: las reacciones de un pueblo al que vuelve un antiguo habitante a filmar una película. El hombrecito ha debido registrar esa película dentro de la otra; capturar imágenes que expresen esa angustia, ese temor y esa liberación que es el cine, y a la vez la dialéctica relación entre los que se van y luego vuelven y los que desean irse pero nunca lo hacen.
   Algo de todas estas imágenes estaban ya en la piel del hombrecito. Y ha trabajado duramente y sin parar. Ha dormido poco y bebido mucho. Y sus alergias han regresado, pequeña muestra de lo que sucedió al tocar por primera vez esta tierra, virgen para sus pies.
   El hombrecito vuelve a su ciudad de esta patria y no sabe si habita o visita. Y fue llegar y empezar los dolores. Algo como un gancho que se abre paso entre su frente y su cráneo; una especie de pelotón de hormigas que se multiplican en su cabeza sin pedir permiso.
   En su otra patria, la natal, le han dicho que debe operarse apenas volver. ¿Cuánto falta? Hay algo de peligro en todo eso; en la operación misma o sin ella su vista corre peligro.
   El hombrecito permanece en cama unos días; en casa de su amiga se siente bien. Pero finalmente la ciudad lo invita con el murmullo de sus noches y de sus barrios, y le dice que solamente tienen tres semanas para saludarse.

   El hombrecito se encuentra de pie en el hall central de un hospital. No hay nadie a la vista por lo que decide acercarse a una cartelera sin otro motivo que la curiosidad. Allí, entre medio de notificaciones y propagandas médicas está colgada una lista con los nombres de los pacientes que tienen hoy turno para el quirófano. En el último lugar aparece su nombre agregado en lápiz. Se fija en la columna de habitaciones asignadas y nota que es el único que la tiene.
   Habitación ciento veintisiete. El hombrecito resuelto recorre los pasillos antiguos de piso lustroso blanco y negro, como tablero de damas. Sigue sin aparecer ningún ser humano. Al llegar a la ciento veintisiete se detiene y mira curioso el número forjado en bronce.
   Abre la puerta y la cierra tras de sí. Poco a poco, en ese ambiente que le resulta tan cálido, tan familiar, se va dando cuenta sin sorpresa de que es su antigua habitación de niño, en la casa donde nació y pasó la segunda etapa en su patria de origen.
   Allí están las dos camitas, la ventana con cortinas verdes, la alfombra azul, y en el medio como mirándolo el baúl. Un baúl grande y viejo pero aún entero.
   El hombrecito se acerca y lo abre. Ahí están en el lugar de siempre la locomotora, los cuadernos de él y de su hermano, el jarro de beber vodka que le regaló la portera del edificio en otro de los países en que vivió, y el libro de baladas de su padre. Se pone su bata y sus pantuflas -que también están allí- y se sienta en la cama a mirar por la ventana. Un cielo casi gris pinchado por las agujas de una iglesia habla mudo detrás del vidrio.
 
   No sabe cuánto tiempo después tocan a la puerta y entra un enfermero joven a buscarlo para hacerle los estudios. Lo conduce a un gabinete lleno de extrañas máquinas que, pensándolo bien, podrían darle miedo. Allí el enfermero le saca sangre de una vena que se hincha como queriendo hablar. Un hombre que parece médico, aunque no tiene bata celeste, está mirando por un monitor blanco y negro e invita al hombrecito a mirar con él. Ahí en la pantalla se distingue algo parecido a un círculo que se mueve hacia los costados con un ritmo parejo. De pronto el círculo se queda quieto y pega un salto hacia arriba, desapareciendo de la imagen. El hombrecito se asusta un poco, pero en seguida el círculo reaparece, aunque ya no es un círculo perfecto sino que se va alargando por un lado.
   El hombre que parece un médico explica que ése es su Glóbulo Rojo y que están observando su comportamiento. El Glóbulo parece querer hincharse dentro de una masa acuosa, y al mirarlo fijamente, el hombrecito descubre que realmente se hincha. La imagen se agranda, el Glóbulo se agranda. Se agranda más y más en el fondo de ese agua. Es cada vez más nítido y el agua cada vez más transparente: es el fondo de una pileta de natación.
   La imagen se abre hacia los costados y el hombrecito se encuentra en el borde de la pileta mirando crecer su Glóbulo. Está en un parque donde parece no haber nadie más, y el agua está calma. El Glóbulo empieza a variar de forma alcanzando un tamaño algo más grande que el de una cabeza humana.
   El hombrecito se mete en el agua y agarra su Glóbulo con las dos manos. Sale al pasto y camina mirándolo. Parece crecer un poco más y luego simplemente se mueve, como invitándolo a jugar con él. Lo pasa con cuidado de una mano a la otra y finalmente se atreve a lanzarlo al aire. Sube un poco y baja. Lo lanza nuevamente, y en el aire una parte del Glóbulo se desprende como una burbuja y se forma otro.
   Con un Glóbulo en cada mano, el hombrecito ve pasar una mujer con otro en las suyas, brillando al sol. Lo hace rebotar y se lo pasa a un viejo con bastón que le arroja el suyo a su vez, un poco más alto.
   El hombrecito está mirándolos con los ojos encendidos cuando algo roza su cabeza. Es un glóbulo pequeño y dorado. Un niño se lo ha tirado a sus espaldas. El lo toma soltando uno de los suyos, que sale flotando en otra dirección.

  
   Su amiga le ceba un mate y enciende un cigarrillo. El hombrecito mira el cielo.
   -Todavía no me hicieron los análisis, pero ahora estoy tranquilo.

   Ambos, él y su amiga saben de la estrella de su destino.

jueves, 13 de junio de 2013

A vos

En ese largo instante en que yo me congelé
Vos saliste a buscarme, porque yo no te llamé
No era mía la certeza de encontrarte tras el sol
No eran míos esos pasos que me acercaban a vos

Sin voluntad, y sin deseo
tan solo agua que corría en mí
inquietas luces, dormidos ruidos
me llamaste, y yo fui

Cambiando la sal de mis lágrimas
por la tuya generosa
Mi agitación sin sentido
por tu calma inamovible
mi deseo insatisfecho
por tu abrazo sin preguntas
mis respuestas con preguntas
por tu eterna interrogante

Me movés, me incitás
me llamás, me respondés
me buscás y me encontrás
yo te veo, ¿vos me ves?

Presencia eterna y constante
tanto te debe mi pasión
mi alma entera, en un instante
se abre a vos mi corazón

No puedo agarrarte ni retenerte
vestido de frío, núcleo de calor
y aun sos mío, siempre mío
y yo te pertenezco a vos

jueves, 9 de mayo de 2013

Quiero


Quiero correr
y estrellarme contra vos
con un ruido fuerte fuerte
sentir el golpe
y fundirme en él
Quiero romper tu cáscara
con mis manos desnudas
morder cada pedazo 
molerlos 
y bañarlos de miel 
para enterrarlos
bajo mis pies
en la tierra 
oscura oscura
Quiero llegar a la pulpa
la suave materia que sos ahí
tocarla con mi piel
y sentir el calor
sacar un sol de ahí adentro
y ponerlo al lado del mío
Quiero abrir mis ojos
al estallido 
de una estrella
verla partir
para no extrañarla
nunca más
ni pertenecerle
Quiero desarmar el camino
borrar la huella
remover las pisadas
quitar las piedras 
que lo marcan
y correr y caerme
para levantarme
y caerme
y correr otra vez
Quiero gritar
y escucharme
que grites
y escucharte
sentir tu voz
que nunca escucho
por más que la presienta
Quiero verte bailar
sin cuerpo ni tiempo
como decía la cantante...
el músico
bajo la luna
con su luz en el pelo
tal y cómo eras entonces
Quiero la sombra
la luz
y el misterio
la claridad del medio
y abrir los ojos
justo ahí
para sentir
los tuyos abiertos
Quiero lo intenso
de sentir
que sos aun otro
y todavía
el mismo
y no entenderlo

martes, 7 de mayo de 2013

Tiempo que no cambiás


Insomnio
Desintento de entender
ni ya el pasado
ni siquiera el futuro
ni tan algo el presente

Marea
Tiempo que no cambiás
y me enseñás
a cambiar
para permanecer
en el movimiento

Olvido, recuerdo 
y espacio que se va abriendo
para que yo
camine en el medio

Mis pequeños pasos sin sueños
sin sueño

Marea de su aliento que me marea
y me adormece
en su silencio

Tiempo que no cambiás
y me enseñás
a cambiar

lunes, 22 de abril de 2013

La una y la otra



Sé que tus cielos se parecen entre sí
y que algunos días pintás colores,
que en lugar de buscar el sol
dejás que te encuentre
mirando las flores.

Sé que la lluvia te habla
y que poco te hastía,
no más que el gris 
con que dibujás tus días.

Sé que tu calma 
se llama cansancio,
tu cansancio duda
y tu duda soledad.

Sé que tenés deseo
ahí adormecido
contando las horas
para ver la luz,
y cerrás las ventanas
rindiéndote al sueño.

Y entonces te miro,
y entonces me miro
y ahí me pregunto
¿quién sos, dentro mío?

sábado, 6 de abril de 2013

Paseo por mí


Veo ciudad, veo calles y casas, veo bares y gente, siempre gente o no siempre.
Veo luces, del día, de la tarde y la mañana, las luces de la noche.
Veo que todas las luces pintan colores, y los colores cambian las luces.
Veo un auto que me lleva veloz, no tan rápido como para otros pero sí para mí. Baja la velocidad en mi mente, y me lleva a recorrer la ciudad. Pero pronto me canso del auto, porque no sé manejarlo. Y me bajo. Y camino.
Caminando veo un gato, y veo hojas, de árboles y de plantas. Quiero sentirme como una hoja, en el suelo, que ya cansada, de vuelta, no tiene miedo de ser pisada. Y acepta ser marrón.
Veo café, huelo café, tomo café.
Hablamos café.
Veo caminatas, imagino que camino, o camino. Camino por donde quiero, no solo por dónde me llevan mis tan terrenos pies. Camino por los lugares que imagino, saltando de uno a otro sin solución temporal de continuidad, aunque sí espacial.
Veo mis ojos leyendo y mis manos escribiendo. Escriben y escriben, tantas ideas, como cuando eran mis jóvenes manos. Y mis ojos leen, leen otras cosas, palabras, libros, de otros. Y leen mis propias palabras y se deleitan. Como entonces.
Veo mis fotos, las de mi cabeza y mis ojos y mi alma. Saco mis fotos, esas fotos que quisiera sacar, pero no están en la realidad, solo en los ojos de mi nuca y de mi melancolía.
Almaceno esas fotos, y les doy forma. Las archivo y las ordeno, para luego desordenarlas a mi gusto y releerlas. Les cambio los colores: lo que era rojo se convierte en amarillo, pero ahora en gris. Combino rojo y gris. Combino verde y violeta y me gusta. Curioso porque normalmente no me gusta combinar verde y violeta. Pero me gusta, ¿si?
Veo ramas en los árboles, y me pregunto una y mil veces más si la rama es el árbol, si el tronco es el árbol y si las hojas o las raíces son el árbol. Y vuelvo a dudar de que el árbol sea todo ello junto.
Pienso entonces en el hombre-mujer, como ser que define el cuerpo por sus partes, la persona por su cuerpo, el mundo alrededor por la persona.
Tantas partes de personas.
Veo sonidos, que normalmente son silencio. Veo el silencio, buscando tal vez un sonido que sé que no voy a encontrar.
Veo sol pero veo lluvia.
La lluvia se mete en mí, siempre. Está ahí, afuera y adentro. Como en el café L’Elephant, como todos mis recuerdos de París. Tantas veces París me atenazó la garganta, que creo que vive ahí, que siempre estuvo ahí. Incluso pienso que todo lo que vivo y viví, lo viví adentro además de afuera.
Recuerdo entonces el cuento que empezaba con “Esto parece Waterloo”, y veo un departamento con vidrios sucios, a la calle vacía y mojada, quinto piso por decir uno, con marcas imborrables de vino y café sobre la mesa, las colillas en los ceniceros, la ropa en el piso y las sábanas desordenadas sobre el colchón. Siempre el mismo departamento, podría variar el nivel de limpieza de los vidrios, o estar raramente vacíos los ceniceros. Tal vez hasta hay una cama, quién sabe. Pero siempre es el mismo departamento.
Y adentro suenan voces en el silencio. Y una música con un volumen un poco más bajo de lo que me gustaría. Hasta puedo caer en el cliché de una trompeta con sordina, por qué no, quién me lo impide.
Veo entonces agua, siempre está el agua. Como digo en la lluvia, pero también un río, los charcos, el sudor de una ventana en el invierno, mis propias lágrimas que andan su propio camino.
Agito el pelo, pero no hay viento. Soy larga como el invierno en el sur y también en el norte, a quién le importa.
Y descubro el entrechocar de los cuerpos, el sonido de la gente, los mudos, los sordos, y los ciegos. Algunos no tienen manos o piernas tal vez; pero lo que es peor, muchos no tienen siquiera piel. No pueden sentir porque no se acuerdan, o no les enseñaron. Pero no se acuerdan tampoco de que no tenían que enseñarles, que siempre pudieron saberlo. Y no sienten.
Trato de conectar, pienso que con las otras mentes. Pero finalmente me doy cuenta de que es con la mía. Mi mente ya está conectada, ahora le toca a mis sentidos, sino estará vacía. Recuerda, pero recuerda con los sentidos. E inclusive si quiere producir un pensamiento, siempre parte de los sentidos, no conoce otra manera. Entonces, ¿a qué estaba conectada?, empiezo a preguntarme. No lo estaba.
Y le doy el paso al recuerdo, tan maltratado, tanto desprecio que ha tenido.
Entra, camina, se expande. Y lo bienvengo.
Camino con él, y me voy hacia el presente. Pasado y futuro finalmente un lugar.
Y entro.

Buenos Aires
Miércoles 14 de Julio de 2004

domingo, 24 de marzo de 2013

Conmigo



No te sientas seguro
no seré yo tu solaz
yo no soy tu salvación
tu calma ni tu remanso

Seguridad se vuelve cárcel
y el solaz se vuelve olvido
salvación se hace reclamo
la calma se vuelve hastío
y el remanso se hace frío

No te asegures
ni te acomodes
no bajes la guardia
del todo, todavía
No te sientes con tu peso
muerto ahí en el piso

Levantá la voz
levantá la mano
levantá tu cuerpo
y vení conmigo

Con tu voz cantáte alas
con tu mano creá sonidos
con tu cuerpo amáme entera
y conmigo... sé conmigo

No te asegures
ni te acomodes
no bajes la guardia
del todo, todavía
No te sientes con tu peso
muerto ahí en el piso



viernes, 22 de marzo de 2013

Que tal vez



Pienso, pienso y solo aturdo
con mi mente a mi emoción
no quiero dar los pasos
que me llevan al dolor

El frío está acá adentro
afuera salió el sol
las flores de la tarde
me recuerdan tu color

Me queda este vacío
esta rara sensación
de no tener abrigo
más que el de la canción

Entonces me imagino
que ya no te recuerdo
en tu más cruda presencia, 
que me salgo del camino
y aun si yo me pierdo
me alejo de tu ausencia

Y esta no es una balada
que sale del corazón
es tan solo una tonada
que tal vez será canción


jueves, 14 de marzo de 2013

Si hay


Si hay culpa que tengo
es la de la estupidez
esta testaruda confianza
en mis sentidos despiertos
y ciertos despertares

Si hay culpa que tengo
es la de ser tan necia
y ver todos los colores
cuando tal vez solo me pinto 
de blanco y negro

Si hay culpa que tengo
es la del olvido
de dejar guardados
tras las cortinas
los sentimientos

Si hay culpa que tengo
es la del silencio
la ausencia de verdades
grito profundo
y llanto verdadero

Si hay culpa que tengo
es esa mía, solo mía
de no haber querido tanto
salir del sueño, y aun así
tener los brazos abiertos

Si hay culpa que tengo
es la del olvido
de dejar guardados
tras las cortinas
los sentimientos

lunes, 25 de febrero de 2013

"Ellos saben qué es el tiempo"



"Ella pasa una noche por la cuadra de siempre, obligada ruta de la vuelta a casa. La luna es fría y azul y los árboles se vuelven invierno. Pasa frente al edificio conocido, impersonal, que marca la mitad del camino.
El en su habitación azul, vacía, balbucea sílabas en el saxo. Le arde en las manos con ganas de cantar voces y escupir sentidos. Salen bruscos sonidos que rebotan en las paredes haciéndose oír.
Ella pasa sin detenerse y lo escucha.

El escribe notas de aquellas que nada sabe, y desparrama en el suelo papeles que dan cierta seguridad contra el frío interior.

Ella pasa otra noche y se detiene. Se asoma sin ser vista a la ventana y ve la pared azul como un mar sin peces. En el techo una lámpara redonda y en el medio él, inclinado sobre el instrumento como preguntándole cosas. Ella quisiera saber qué le dice. Y los sonidos aún son torpes. Y él tiene barba.

A él una noche le pesa el techo. Y entonces toca a oscuras. Y ella pasa y se detiene metros antes. Lo escucha y no lo ve, y piensa en sus manos: las manos de otro se han hecho ya ruta obligada. Quisiera ir al fondo del mar.
El quisiera salir a la superficie. Llevarse consigo los fraseos, los hilos, los cúmulos de sonidos.
La habitación vacía está negra. En la ventana se asoma una cara. “Quiere que le dedique una canción”, piensa él. Y se acuerda del tipo que sabía lo que era el Tiempo.
Ella se acuerda de Jack Kerouac y piensa “este tipo sabe qué es el Tiempo”.
El sopla y le sangran las manos.
Y ella entra por la ventana."


PD: ¿Hay lectores todavía por ahí? Si tienen ganas, dejen un comentario, siempre es grato saber que hay almas del otro lado.

sábado, 16 de febrero de 2013

Puzzle

Recogé todos los pedacitos 
y volvé a armarte si podés.
Son solo pedacitos.
Ni piezas llegan a ser:
no hay garantías de que encastren.
Simplemente debés
tomar la decisión
de si vas a hacerlo
o no.


jueves, 7 de febrero de 2013

Los sentidos del mundo


Impacto en la piel, profundo.
Impacto en el dolor airoso.
Impacto en el alma descubre.

Todo me es, nada me gana.
Presento el costado, cansado, de piedra escabrosa.
No lucho, no escucho.

Y en golpes, recibo la espuma de húmedos deseos,
que no son míos, que tal vez no quiero.
Y me besa el silencio, el todo del mundo
que ya no es paz ni desvelo,
sino sólo olvido para los ojos que se cierran.

Yo sigo siendo,
entrañando mi yo sin percibirlo.
Incubando solsticios para mi desdén.
Para que un día caiga y se marchite
frente a un portal de luces nuevas.

Quiero decirte que es el silencio
lo que más me palpita,
lo que saca el infinito de mi asombro
de adentro hacia afuera.

Y yo no crío huesos, no crío carne ni alma.
Solamente un revoltijo de mí misma.
Para mí tal vez hoy,
tal vez mañana.

martes, 5 de febrero de 2013

Purgatorio (nuevo-viejo)


(Nuevo el nombre. Viejo el existir.)

Voy a purgar mis lágrimas lejos de tu almohada
Nunca las primeras
pero las que siguen, las que no quieren detenerse
Lejos, pero no tan lejos
que no sienta tu respiración
Lejos, a unos pasos, donde tu piel dormida
no me inquiete
donde tu cuello, fuerte y frágil a la vez
no atormente mis sentidos
Voy a pugarlas
abrirles la compuerta
o simplemente abrirla un poco más
Lejos de tu almohada
dejo que mi mar se vuelva salina
y dé sabor a tus rincones
Escuchando tu calor a mis costados
y sintiendo aun en llanto
la alegría de tenerte cerca
Presiento que nada nunca es suficiente
que nunca nada lo es todo
ni se le acerca
Pero un día es todo
tu mano en mi cadera
y al siguiente minuto es nada 
tu silencio ante mis ganas
Y entonces lloro, primero cerca
y después lejos 
de tu almohada
porque es lo que sé hacer
Y entonces río entre tus ojos
y entre mis ganas
porque es lo que sé hacer
Soy de extremos y de entrega
de escondrijo y de confianza
de miedo y escaleras
que me llevan o construyo
cuando todo me hace falta,
cuando siento tu cuerpo clavado
en el medio de mi alma.

jueves, 31 de enero de 2013

En ese verde


Mía es la certeza
de no saber nada
-y de casi agradecer-

Mío es el dolor
la cura
la travesía
y el regreso
al fuego central

Me asomé entre ese cielo
escuchando pasos
acerqué mi silencio
a ese rincón
oliendo verdores y brisa infinitos

Y al sentarme detuve
mis oídos
para saber casi de antemano
que los pasos eran los míos

Un pozo insondable
apenas abierto en un diminuto agujero
cabeza de alfiler
en mi corazón
ese lugar
tan tangible y ametafórico

En ese verde reconocí mi pasado
y mi presente volvió
acercándose a saludarme

miércoles, 23 de enero de 2013

A lo lejos


Deseando, abarco más cielo 
del que alcanzan mis ojos

No me niegues el brillo
de una nube
solo porque pensás que el gris
es opaco

No apago mi luz
solo la dejo
filtrarse entre las rendijas

Y tal vez ayer
brillará también tu nube